Moderna de provincias. Bon vivant. Wanderer. Vivo en el norte y no lo niego.

Escribiendo sin filtro desde 2007. Todavía esperando un sobresueldo por decir unas palabras en Vogue, GQ, Esquire o Vanity Fair.



lunes, 5 de enero de 2015

2015: el año de las chicas inteligentes


Recientemente cayó en mis manos un artículo de Smoda que versa sobre mis siempre adorados Tom Hiddleston y Benedict Cumberbatch. Como ya sabéis, soy una yonki de lo british y de todo lo que tiene que ver con el siglo XIX, así que ambos me resultan de todo menos ajenos. A Tom lo conocí en el fantástico Return to Cranford, allá por 2009 y me conquistó de inmediato con su sonrisa adorable y su pelazo rizo Chrismartiniano. A Benedict ya ni me acuerdo cuando lo vi por primera vez, pero jamás podré desvincular su imagen del abnegado Christopher Tietjens de Parade's end

Yo soy más de Tom.




Pero lo que realmente captó mi atención de dicho artículo fue la etiqueta de «sex symbols de mujeres que piensan». Nunca lo había pensado. Y de inmediato recordé sobre lo que había estado leyendo la noche anterior...


Y es que las mujeres inteligentes no se casan. O se casan menos. 

Por fin los estudios se hacen eco de la realidad social en la que todavía vivimos: los claros beneficiados de un matrimonio son los hombres. Desde tiempos inmemoriales se nos ha engañado con cuentos de hadas, películas de Disney y vestidos de boda... pero realmente ¿Quién lleva a cuestas el peso de un hogar? ¿Quién necesita una figura femenina que le diga lo que debe hacer? (Quiero pensar que esto está dejando de ser así y que, por lo menos, el Hiddleston se compra él solito las camisas). Y ya no hablemos de familia e hijos... Sólo hace falta mirar a nuestro alrededor y contar el número de solteros frente al número de solteras que conocemos. Pues eso.

Al hilo de todo lo anterior, Huffington Post se hizo eco en noviembre de 2013 de un estudio realizado por científicos holandeses que demuestró que a mayor enamoramiento, menor control cognitivo. Como resultado los sujetos mostraron más problemas para focalizar y concentrarse en una serie de tares que exigían atención. Lo que queda menos claro de todo este asunto es si fue antes el huevo o la gallina... ergo ¿Enamorarse reduce las capacidades cognitivas o son las personas con menos control cognitivo las más enamoradizas?. Yo me inclino por esto último.

Por si fuese poco, Satoshi Kanazawa ha concluído que a mayor cociente intelectual, menor número de hijos. Según sus estudios, el instinto maternal desciende un 25% por cada punto extra de C.I. Considerando que la naturaleza me ha dotado del instinto maternal de una ameba, debo de ser un ser de inteligencia superior (risa maléfica).

Esta entrada fue escrita en julio de 2014 y siempre tuve serias dudas en cuanto a su publicación en este blog. Pero si lo hago ahora es porque realmente contiene reflexiones trascendentales del Silvismo que todos necesitáis conocer (y porque me llevó tiempo escribirla, que carallo).

Y como diría Benedict:  I meant no offence.

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